El espíritu de la lluvia Olmeca

El espíritu de la lluvia Olmeca corresponde a uno de los dioses más importantes de esta interesante civilización, el cual guarda la particularidad de no disponer de un nombre propiamente exacto como si sucede en otras mitologías, aunque por supuesto queda la inquietud de que si lo tuvo entonces este debió de haber quedado atrapado en los escenarios de la selva.

Ciertamente entre los dioses olmecas que suelen aparecer con mayor frecuencia en sus relatos, esta divinidad ocupa las primeras posiciones gracias a su relación con un elemento natural tan indispensable para las diferentes actividades agrícolas que se llevaban a cabo en la cotidianidad.

Características del espíritu Olmeca de la lluvia

Los Olmecas identifican a esta deidad como un espíritu masculino con apariencia de hombre enano o si se quiere cuerpo de niño, asimismo revela unos cuantos colmillos que se asocian indudablemente con el jaguar, ojos oblicuos y unas manoplas. Esta descripción no afecta el hecho de que sea considerado una figura llena de poder, fuerza y sabiduría, por lo tanto en su honor se llevaban a cabo miles de ceremonias y sacrificios.

De manera legendaria se asegura que el dios de la lluvia habita las montañas y cuevas pues prefiere aquellos puntos que sirven para estimular el nacimiento del agua.

La evolución del espíritu maestro

Sin un nombre específico, se cree que la concepción de este dios es la que sirvió para que posteriormente la mitología azteca empezara a hablar de la deidad Tláloc y para que Los Mayas crearan una versión denominada Chac.

Algunas otras culturas dieron un paso más allá y optaron por entender a este tipo de dios no tanto como una divinidad sino más bien como los populares duendes, quizás en parte por su tamaño y aspecto infantil.

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